Bueno, bueno, bueno...
Hoy ha sido un día verdaderamente fructuoso por varios motivos. El primero... Bueno, pero antes os tengo que contar lo que hice el sábado y el domingo. De paso aprovecho este parón de un día para avisar de que a partir de ahora no creo que me dé tiempo a escribir todos los días y, de hecho, no creo que sea ya interesante escribir todos los días, así que escribiré cuando pueda y cuando crea que es necesario.
El sábado al final no bajé al cine con Yuri. Pensé: "Para qué gastarme el dinero en el cine, si tengo un montón de películas en casa". Y así me quedé en casa viendo Lluvia de albóndigas, película que recomiendo vivamente, no solo por lo bien que está hecha sino por mucho más. Además aproveché para ver el primer capítulo de The big bag theory, serie que, por supuesto, también recomiendo con entusiasmo. A las 11 o así ya si me bajé para ir a la discoteca de madera: Driv. Estaba bastante bien. Lo raro es que la bebida había que pedirla en una pequeña parte de la discoteca de la cual solo te dejaban salir si habías pedido cerveza. A mí, con el whisky me dijeron que no podía salir y me enseñaron un cartel que estaba escrito en noruego como si yo pudiera entenderlo. Es lógico que me lo dijeran porque parezco -y ya me lo ha dicho mucha gente- noruego. Las discotecas aquí cierran hacia las 3, lo cual está bien porque así se duerme mucho más los fines de semana. Gracias a Dios, nadie tiró una colilla al suelo o, por lo menos, si la tiró no prendió.
Al día siguiente, me desperté algo tarde. Me hice de comer unas sabrosísimas judías de bote y entre unas cosas y otras se me hicieron las 5 y media. Había quedado a las 6 on Violeta (la chica española que conozco de Madrid) para tomar algo, por lo que me tuve que bajar rápidamente. Conocí a un montón de gente. De hecho, retrocedamos. Antes de bajar, fui a la lavandería un momento a apuntarme para hoy y a coger unas bolsas amarillas de reciclaje (las que sirven para el cartonet, es decir, el cartón). Allí había una chica que no podía encender la secadora. Le ayudé con mi tarjeta y con todo y empezamos a hablar. Resultó que, coincidencias de la vida, no solo ella también estudia Lingüística, sino que está en mi mismo despacho. Quedé en verla a las 9 después de estar con Violeta. También quedé en que por favor me ayudara con la lavadora al día siguiente y con algunas cosas de la compra.
Después de estar un rato con Violeta, aparecieron unos amigos suyos también de lingüística. Cenamos en un italiano y después fuimos todos adonde había quedado con la chica de la lavandería, que si no lo he dicho, es holandesa. Allí conocí a otra chica española y a otra chica de mi despacho y al profesor con el que voy a tener que trabajar este semestre. Después, nos fuimos a casa intentando ver alguna aurora boreal. Nada.
Y hoy he madrugado para ir a la universidad y aquí es donde comienza mi fructuoso día. Para empezar he conseguido la llave de mi despacho, me han llevado allí y es un sitio delicioso. Es una especie de sala con mesas separadas por maderas, a modo de cabinas. He conseguido ponerme Wifi y he ido al café que hacen aquí los lunes. Ahí he conocido a más gente de lingüística. Volviendo a mi despacho me he encontrado con el chico francés que vive donde yo (¿o se debe decir 'donde mí'? Consultad la gramática de la RAE). Me ha llevado al bar internacional de aquí, que curiosamente se llama Bodega y he conocido a más españoles. Allí además estaba mi amigo finlandés. En ese bar ponen café y bollos muy baratos para estudiantes internacionales.
Luego -y aquí viene algo también fructuoso- he ido a mi primera "clase", que en verdad era un reading group. Un poco largo pero me ha encantado, y hasta he participado. Después he comido unas "enchinadas" (es como llaman aquí a las enchiladas) en la Cantina y me he ido al despacho. De ahí me he ido a la tienda de tarjetas sim para ver s conseguía ya que me activaran de una vez el móvil noruego. El hombre me ha dicho que iba a mandar un e-mail, lo cual no me ha dado muchas garantías, así que iba a ir a otra tienda para comprarme otra simcard, pero mi amiga holandesa, que es mi nueva madre (ya sabéis que en cada sitio al que voy me busco alguien que me cuide), y que me había acompañado me ha dicho que me esperara por si acaso. Y efectivamente, que según volvíamos en el autobús... ¡he recibido un mensaje de que ya estaba activado! Así que abandonaré el móvil español en poco tiempo. Quien quiera mi móvil noruego que me lo pida por tuenti, facebook... porque aquí, con la cantidad de lectores diarios que hay, no puedo saber quién puede acceder a mi número...
Ya por casa hemos ido a la lavandería, con los nervios de una primera cita. He metido la ropa dentro del agujero y cuando ya se ha encendido la máquina me he quedado como quien deja a sus hijos en la guardería. Hasta que no he visto que la cosa daba vueltas no me he ido. Mientras se lavaba la ropa hemos ido al supermercado y mi mamá de aquí (en verdad solo tiene 26 años) me ha ayudado a comprar muchas cosas. Lo primero la leche, después de la desgracia que me ha ocurrido esta mañana. Pero voy a contarla en la siguiente entrada, para que esta no quede tan larga.
lunes, 25 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario